Tigresa y Dragona


Tigresa  y Dragona 

“La mujer y las artes marciales chinas”

 
Artículo realizado por la instructora Pilar García
articulo taichichuan 187Empiezo este artículo con la pequeña provocación del título. Quizá al lector le sorprenda este cambio de género en el nombre de la célebre película de Ang Lee. Incluso puede ser que a alguien le “suene mal”. Un efecto parecido causa en muchas personas relacionar mujer con arte marcial. Sin embargo, como ocurre en el largometraje, las mujeres somos perfectas protagonistas de este mundo que sólo desde los prejuicios y el desconocimiento puede considerarse masculino.
 
Desde el origen

Sobre el nacimiento de las artes marciales abundan las leyendas y las imprecisiones propias de la tradición oral, pero aún así, la mujer está presente desde el primer momento.Entre las cinco figuras legendarias que escapan de la destrucción del monasterio Shaolín provocada por los manchúes en el siglo XVIII se encuentra ya una fémina: Wu Mei (Ng Mui). Hija de un general del ejército imperial, recibió en la Ciudad Prohibida una completa educación que incluía formación artística, entrenamiento militar y nociones de medicina. Años después, ya como monja, llegaría a ser la creadora de un estilo que lleva el nombre de una de sus discípulas, “cálida primavera”, y que actualmente practican cientos de miles de personas de todo el mundo: wing Chun.  Scan0005Es interesante observar cómo un género muy popular, el de los wuxia (caballeros andantes orientales que desde el siglo IX protagonizan baladas, novelas y películas como la que hemos elegido para titular este artículo), refleja un universo en el que las figuras femeninas pelean en condición de igualdad con los hombres. ¿Por qué? Si en nuestras novelas de caballerías, a nosotras se nos suele reservar el papel de Enide
Fuera de la órbita de la ficción, tenemos modelos bien significativos. Como el monasterio de Yongtai, contrapunto femenino al monasterio de Shaolín; o Sun Jianyun (1913-2003): hija del reconocido Sun Lutang, demostró su profundo dominio de diversos estilos: baguazhang, xinyiquan y el taijiquan de su familia, el Sun.

Desde el concepto
Podemos encontrar más ejemplos a través de los tiempos, pero al margen de consideraciones históricas, son los propios principios intrínsecos en el significado mismo de las artes marciales orientales lo que legitima su práctica por parte de las mujeres. Empecemos por éste: vencer la fuerza mediante la suavidad. Se trata de la aplicación de uno de los fundamentos filosóficos de la cultura china, el binomio yin y yang. Inseparables, ambos elementos se necesitan y complementan. Ni el arte marcial más “machote” puede ser totalmente yang. A lo duro no se puede responder con lo duro. El yin reclama su parte de protagonismo.

Dependiendo de la constitución de los contrincantes, el equilibrio dinámico que se establezca entre yin y yang para conseguir la victoria variará. De hecho, las artes marciales chinas han previsto técnicas para todas las constituciones. Las hay más adecuadas para individuos pesados, y otras para personas más pequeñas, o más elásticas, o más… El rico arsenal de técnicas que presentan estilos como el tanglanquan, bajiquan, piguazhang, baguazhang, xinyiquan y taijiquan (por citar los que practicamos en nuestra escuela), nos da una pista de que en el momento de estructurar el estilo se ha tenido en cuenta todo tipo de practicantes: grandes, pequeños, hombres, mujeres…

Desde esta perspectiva

Las mujeres simplemente somos personas que debemos priorizar técnicas diferentes a las que utilizarían otros individuos; una de las estrategias más convenientes para nosotras es dirigir nuestros ataques a los puntos vitales, por ejemplo provocando la desconexión entre la parte yin y yang del cuerpo del contrincante al golpear simultáneamente sus oídos y sus genitales.

Por otro lado, nosotras contamos con algunas características que pueden beneficiarnos en el aprendizaje y práctica de un arte marcial. Una de ellas es que normalmente nuestros músculos no están nunca tan tensos como los de los chicos; nuestro cuerpo suele estar más relajado, y la relajación es otro de los pilares de estos sistemas. También tendemos a desarrollar una mayor capacidad de percibir lo que la otra persona puede sentir (sensibilidad), algo interesante si lo aplicamos a “sentir” a nuestro contrincante.
Dentro aún del aspecto estrictamente marcial de estas artes, no podemos descuidar la importancia que tiene el trabajo de la energía, siendo una buena proyección de ésta mucha más definitiva en la resolución de un enfrentamiento que la fuerza bruta. Así que si una mujer se propone adquirir recursos de defensa personal, aprender artes marciales no es sólo una opción, sino la mejor solución.

Mucho más que deporte o defensa personal
Pero saber defenderse no es la única razón que lleva a las interesadas en estas artes a apuntarse a una escuela. Y, si en algunos casos lo es, pronto queda integrada en otros intereses más amplios, de los muchos que ofrece la práctica en una escuela tradicional como la nuestra.

Scan0006Ésta es por lo menos la experiencia de algunas de mis compañeras, que, buscando fortalecerse o adquirir técnicas para poder afrontar un posible abuso o asalto, se han encontrado que lo que más les sirve es la autoconfianza que consiguen con la práctica continuada. Y al mismo tiempo, han quedado seducidas por la compleja red de conocimientos que supone el estudio de estos sistemas, que abarcan los niveles físico, energético y espiritual.

De hecho, éste es el punto que nos une a todas en la escuela sanchai. Llegamos aquí por diversos motivos –autodefensa, estar en forma, interés por el mundo oriental (desde “el Pequeño Saltamontes” a “Bola del Drac”; desde el I Ching al pato laqueado),…-. Muchas de nosotras, antes de pasar a practicar también estilos externos, empezamos con taijiquan, sin saber ni siquiera que era un arte marcial. Pero todas acabamos descubriendo un mundo mucho más rico y atractivo de lo que nunca hubiéramos imaginado:

Aquí resuelves la manera de estar en forma durante toda tu vida, ya que es un ejercicio muy completo y pensado para practicarlo a cualquier edad: protege las articulaciones, mejora la postura y la respiración, tonifica la musculatura y aporta a tu organismo longevidad y salud.

Con una sola actividad, trabajas todos los aspectos: cardiovascular, estiramientos, fuerza… Los movimientos ejecutados, elegantes y armoniosos, te ayudan a mejorar el equilibrio, la coordinación, la resistencia, la velocidad, la flexibilidad, la memoria, la consciencia corporal…

Eliminas estrés durante los entrenamientos y aprendes a gestionarlo mejor en tu vida cotidiana.

Siempre tienes alicientes para aprender más. Entras en la línea genealógica de unos estilos ancestrales, con multitud de esquemas, de mano vacía y armas (espada, sable, palo, lanza,…), cuyo conocimiento te va siendo entregado a medida que vas progresando en la práctica.

Scan0007Cuentas con el ejemplo de un maestro, shifu Carlos García, entregado a la enseñanza rigurosa de estos estilos y apasionado por las artes marciales, en su concepto más auténtico y tradicional; y disfrutas del privilegio de asistir a cómo mueve su energía, la mejor manera para progresar en tu práctica.

Tienes la oportunidad de vivir la experiencia de competir en campeonatos nacionales e internacionales, e incluso de conseguir medallas, como las logradas por mi compañera María en los Campeonatos de Wushu Tradicional de Catalunya y Nacional (2008) o por mí misma en 2009, en el de Catalunya.
Te familiarizas con el fascinante pensamiento oriental, una concepción de la vida integradora en la que no existe escisión entre cuerpo y alma, en la que los aspectos físicos, psíquicos y espirituales se encuentran interrelacionados y donde el ser humano recupera su lugar en la naturaleza.
En fin, la práctica te ofrece muchas posibilidades. Las mismas, seas hombre o mujer. Es opción de cada una, de cada uno, elegir el enfoque que quiere darle. En mi caso, el wushu tradicional es parte de mi forma de vida.
Para finalizar, volvamos a la película que proponía al principio. Imagino que, en potencia, hay muchas jovencitas tan encantadoras y rebeldes como Jiao Long Yo Jen, y muchas mujeres tan poderosas y serenas como Yu Shu Lien. Si alguna de ellas, olvidando las ideas erróneas inculcadas en su educación (“esto no es para niñas”) y desoyendo los prejuicios de la sociedad (“te volverás una marimacho”, “sólo encontrarás hombres, y además, brutos”), se atreve a traspasar el umbral de una escuela como la que me acoge desde hace más de una década, descubrirá un lugar donde maestro y compañeros te tratan con respeto, cariño y equidad. Un espacio donde –seas hombre o mujer- puedes crecer como persona.

Pilar García, instructora del instituto wushu sanchai
Alumna principal del Shifu Carlos